¡Nebulosa Buenos Aires!
La quema de pastizales en los campos del norte fue de tal magnitud que el humo llego a la ciudad. Van varios días de intensa humareda.
Será por la clandestinidad que provoca este suceso, que la gente hace cosas que habitualmente no tiene en sus planes, se cubre la ciudad no solo de humo, sino de acciones alocadas…
He aquí entonces mi regreso, ningún momento más propicio para resurgir. No estoy de acuerdo en pedir disculpas, Uds. queridísimos lectores, gustarán también de estas, mis sanas exentricidades.
Los convoco, pues, a dar un recreativo paseo que empieza en La Nueva Buenos Aires, la actual desbordada y más a punto de estallar que antes Buenos Aires, la que recibe hasta los humos ajenos porque no le bastan los propios y pide cada vez un poco más… inagotable espacio de luchas diarias entre las comodidades y la miseria.
Bienvenidos, más que bienvenidos a la Ciudad de los Humos y sus historias.
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Llamada telefónica:
…necesito que me acompañes a una aventura, te llamo a vos porque solo un loco se va animar… hay una palmera y…
Resulta que La Mingo es así, siempre fue así. -Cuando se lo contés a tu mamá te va a decir: esas son cosas de La Mingo!!-…
La Mingo es la menor de mis tias, por parte de mi madre. Tiene sesenta años o uno o dos más, no mas de sesenta y tres… es una mujer libre, casada-malcasada-separada-maldivorciada, una mujer de familia, una mujer de campo, una mujer de ciudad, una mujer artista, una mujer que ama, sufre y vive. Es amada, es criticada. Es su forma de ser, su encanto, su luz. Es Miguelina Bidegain, esa es La Mingo. Y todo lo demás.
…tiene dátiles maduros!… vamos por ellos!
Recibí su llamado, ella me invitó a asaltar una Palmera. No cualquier Palmera, una específica ubicada entre otras tantas en uno de los lugares más céntricos de la Ciudad de los Humos, sobre la avenida más ancha del mundo, la Av. 9 de Julio en la intersección con otra importantísima avenida, Av. Santa Fe.
La operación ameritaba un diagrama específico para las acciones a realizar. Comenzamos por coordinar nuestro encuentro, a las 15.30hs. en uno de los nuevos bancos modernísimos de cemento y madera, junto a los jardines de plantas de hojas moradas, las baldozas blancas y… casi justo debajo de… ¡la víctima!
Llegamos ambos con retraso, aunque ella estubo primero. En la Ciudad de los Humos, el servivio de Subterráneos (que no se lo llama Metro sino Subte), dejó de funcionar a causa de haberse llenado de humo los túneles, el tráfico esta más caótico de lo habitual y en la zona de Once (Barrio comercial donde se compra ropa y todoloqueseteocurra a menos de la mitad de su valor en otras tiendas), se incendió un edificio, vaya paradoja. Esto hizo que los bomberos cortaran parcialmente la Av. Corrientes (gran arteria de la ciudad, reconocida como la Av. de los teatros y las librerias) a esa altura y la mezcla de caos con caos retrasaron nuesto encuentro.
Al saludarnos hicimos un reconocimiento del lugar. Pensamos la manera de hacer el cometido, cómo nos convenia trepar, desde qué lado.
Ella trajo bolsas grandes y una cuchilla para desprender el “cacho” de dátiles maduros, naranja-rojizos, pero vimos que iba a ser dificil cortarlo de esa forma, dado que se encontraban muy protegidos por las duras hojas y ramas de la palma.
En ese momento, recordé que unas cuadras atrás, antes de llegar, habia visto en una de las pequeñas “islas” del medio de la gran avenida, el contenedor de un rollo de cables gigante. Es dificil de explicar, pero creo que alguno de Uds. entenderá: Los cables de teléfono, o de televisión vienen enrrollados en unos artefactos de madera que parecen ser un eje con dos ruedas. Son de un tamaño aproximado de un metro de altura. Pues bien, ¡Esa sería nuestra escalera para alcanzar los frutos!.
Ambos fuimos por el eje de madera, lo cargué en mis hombros y volvimos a la escena del crimen…
Lo que resta es sencillo.
¿Cómo te imaginás que hicimos?
En ese lugar, en ese contexto, dos personas bien vestidas, junto a Una Palmera y un eje de madera… ¡Solo teniamos que actuar!
Fueron 5 minutos salvajes, tomé el eje, lo meti en el lugar de la tierra, me trepé a él y con furia comenzé a desprender los frutos. Debajo, La Mingo recogia en sus grandes bolsas el botín. No podía parar de reirme por dentro, porque por fuera estaba concentrado haciendo todo lo más rápido y eficaz posible. ¡¡Sin mirar atras, sin mirar alrrededor, sintiendo el ir y venir de los autos y el crujir de las ramas y el pegoteo en mis manos por los dátiles tan maduros que se rompian por la violencia de mi tironeo!!
Luego de esto, cuando no hubo más frutos que extraer, juntamos los que se habian caido fuera, juntamos nuestras cosas y nos sentamos más adelante, ahora sí rendo para afuera, contentos y satisfechos por haber realizado semejante acción alocada…
Será por la clandestinidad que provoca este suceso del humo, será por la picardía de La Mingo y quien escribe… Será por que Buenosaires está más a punto de estallar que nunca… (si la conociste, te prometo que ahora está distinta y te invito a redescubrirla).
Prenderse en locas aventuras, involucrarse en sucesos disparatados, nos refrescan los días y nos recuerdan lo bueno de ser. Simplemente ser.
Contame algo alocado, que hiciste o que vas a hacer. ¿Cómo sos?
Saludos, y hasta pronto.